Un sofá
No era muy grande, tampoco muy pequeño. Cabían dos personas en él, tres si se apuraba el espacio al máximo. La tapicería era de rayas azules y amarillas, siendo las azules de una textura más lisa y las amarillas aterciopeladas. Un poco gastado por el tiempo, los desayunos, las siestas y las noches de película.
En él se sentaron muchas personas antes, imagino. También se tumbaron a veces, otras se pusieron de pie sobre él. No sé cuántas personas pasaron por él, pero para ellos dos fue muy importante. Sobre él comenzaron una vida juntos.
Vieron que estaba muy solo y le sumaron dos cojines de colores que a veces sentían cabezas sobre ellos, otras eran abrazados. Una manta pasaba por allí durante los meses fríos y las noches de cine en casa.
Comenzaron a combinarse de muchas formas: amante con amante, cojín con cojín, amante con cojín, cojín con amante, manta con amante, manta y cojín con amantes…
El segundo domingo de noviembre tras la comida, sus piernas se entrelazaron. Hablaron tanto que el sol se fue y, casi sin darse cuenta, se quedaron charlando a oscuras.
La siesta de aquel quince de agosto fue gloriosa, pero agonizante al mismo tiempo. El sudor lo empapaba todo mientras un abanico ventilaba lo que podía.
El seis de enero no fueron ellos quienes se sentaron sobre él, porque en su lugar había regalos esperando a ser abiertos por la mañana.
Las mañanas entre semana un beso sellaba un deseo de buen día y ánimo en el trabajo.
¿Siguen sentándose sobre él? ¿Continúan su vida allí, o se mudaron y despidieron de él? Ojalá lo supiera, pero me fui de la casa antes que ellos.
Mes tras mes me llenaron de agua y claveles, a veces rosas o margaritas. Vivíamos el uno frente al otro, hasta una noche de julio en la que el gato me tiró. Por suerte estaba vacío en aquel momento, pero me fragmenté y fui a una bolsa. De la bolsa fui a la oscuridad y de ahí a hoy pasaron tantas cosas que ya no sé muy bien qué o quién soy. Creo que ahora soy más arena que vidrio.
Me gusta imaginar que todos siguen juntos: los amantes, los cojines, la manta, el sofá, la casa, la vida compartida, las piernas entrelazadas, los besos y las conversaciones.


Qué bonita forma de hablar de lo cotidiano. Y qué bonito si los objetos pudieran hablar y opinar y ver la vida con esos ojos luminosos.
Me ha encantado <3